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Historia de Don Manuel

Así comenzó mi experiencia hace ya más de tres años.

En febrero del año 2014, tras dos días con sintomatología de un proceso que parecía gripal, mi estado empeoró repentinamente. Mi familia contacta telefónicamente con el  Servicio de Urgencias  de la Clínica IMQ  Zorrotzaurre y tras referir la sintomatología, les indican la necesidad de acudir rápidamente. Fui diagnosticado de sepsis e ingresado de manera inmediata en la UCI.

Ante el estado de extrema gravedad se informa a mi familia y  se procede a la inducción al coma. Permanezco en este estado durante tres meses, en los cuales en muchos momentos se temía por mi vida, al complicarse la primera de las infecciones por neumococo, con una segunda por pseudomonas. Y es que con 20 años, tras sufrir un accidente de moto, me tuvieron que quitar el bazo, nadie me había informado en todo este tiempo, de lo sensible que podría ser a infecciones posteriores, en especial por neumococo.

Como consecuencia de la sepsis mis extremidades se fueron necrosando y finalmente hubo que amputarlas.

La mayor parte del tiempo que permanecí en la UCI de la Clínica Zorrotzaurre, no fui consciente de nada, pero el trato y la atención dispensada a mi familia, fueron excepcionales. No solo intentando que su espera entre los periodos de visitas fuera lo más confortable posible, sino el apoyo moral y la calidad de la información fueron fantásticos. Un grato recuerdo guardan del Dr. Piferrer y todo el equipo eso que las noticias que les iban  trasladando no eran nada esperanzadoras.

Tras tres meses en coma, se decide ir retirando la sedación a la espera de ver como mi organismo reaccionaba. Contra todo pronóstico, comienzo a reaccionar positivamente y poco a poco voy recuperando la consciencia. 

Al comienzo estaba completamente desorientado, tenía el convencimiento de que estaba siendo retenido en la UCI en contra de mi voluntad, se trataba de una organización que quería apodarse de mis órganos.

Estaba aterrorizado, llegando incluso a pedir a mi familia que trajeran una pistola para poder defenderme de todos mis “enemigos”. Intentaba “sobornar” al personal ofreciéndoles dinero para que me ayudasen a escapar.

Todos me seguían la comba, hasta tal punto, que para darme algo de sosiego, mi familia me contó que habían infiltrado un policía para poder protegerme, era uno de los celadores que no dudó en guiñarme un ojo, para hacerme creer que era él el infiltrado.

Más adelante, mientras me trasladaba al quirófano para una posterior intervención ¡lo reconocí por la voz! Y es que en la UCI, el primer recuerdo fueron las voces de todos los que me atendían, en ese estado en el que me encontraba, entre “Pinto y Valdemoro, lo único que se quedaba en mi memoria eran sus voces.

En otra ocasión, pedí a mi familia que avisara a una enfermera para ir al cuarto de baño, yo no era consciente de que no podía utilizar ya mis piernas. Ante la respuesta de que no disponían de aseo, mi reacción fue de que ¡cómo era posible que una clínica hecha hacía “cuatro días” no tuviera cuartos de baño, ni para los trabajadores!! Pedí insistentemente a mi mujer que pusiera una denuncia. ¡Un hospital nuevo sin baño!.

Hubo momentos terribles sobre todo para mi familia por el pronóstico inicial, sin embargo tras despertar del coma hubo también momentos para el optimismo.

 

Y por fin pasé a la planta, estuve ingresado en aislamiento, atendido durante los primeros 15 días en todo momento, por unas enfermeras y auxiliares   que no tengo más que palabras de elogio para ella. En realidad todo el mundo me trataba estupendamente. ¡Eso anima muchísimo!

El Dr. García Bernal me intervino para poder reconstruir una de las manos y hacerla funcional al poder hacer pinza.

En la Clínica desde el primer momento, recibí atención por parte del fisioterapeuta, Josu. Al principio, era uno de mis mayores “enemigos”. Yo era incapaz de permanecer sentado en la cama, me hacía trabajar duro para que recuperara mi tono muscular. Poco a poco fue consiguiéndolo.

Del periodo que pasé en planta, cada día era un avance, todos los días había ya buenas noticias y el clima era de optimismo. Mi hermana entonces, se puso en contacto con la Asociación Nacional de Amputados de España (ANDADE) vino a visitarme su presidente desde Valladolid, acompañado por otro amputado de Cantabria. Me mostró su realidad, tenía las dos piernas amputadas tras un accidente hacía ya muchos años y aunque había algunas cosas que no podía hacer, su vida funcionaba perfectamente bien, sin mayores problemas. Aquella visita me sirvió para darme cuenta de aunque, me encontraba ante un mundo que nunca había imaginado, lleno de peculiaridades y también de innumerables dificultades, poco a poco podría llevar una vida plena.

Y entonces llegó el día en que en Zorrotzaurre me dijeron que desde el punto de vista clínico ya estaba recuperado. Su trabajo había terminado, pero mi cuerpo necesitaba rehabilitación especializada y más si quería recuperar mi vida

En ese momento sí que echamos de menos una conexión  ágil entre la asistencia prestada desde la Clínica IMQ y que había cumplido con su labor de curarme y la atención que yo precisaba y que dadas mis circunstancias, solo me la podía ofrecer el Hospital de Gorliz, institución que dispone de un área especializada para tratamientos de rehabilitación en personas que han sufrido amputaciones. Finalmente, en Gorliz estuve ingresado desde el mes de junio hasta el mes de agosto, recibiendo tratamientos que me han posibilitado el que actualmente pueda andar sin necesidad de muletas.

En todo este tiempo no tengo recuerdo en ningún momento  de haberme venido abajo, en  una situación en la que te despiertas y de repente, no tienes pies, no tienes manos, cada persona reacciona de forma diferente. Yo personalmente, utilicé como mecanismo de defensa el ir  haciendo aquellas cosas que podía hacer y dejar aparcadas las que no podía. Se trataba de lo que se denomina en psicología la resilencia, es decir, la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas.

Antes de mi enfermedad yo tenía planificadas las cosas que quería hacer cuando me jubilara, este episodio solo ha hecho el que se aplazaran un poco, pero el objetivo sigue ahí.

En todo este proceso además conté con un apoyo fundamental, mi familia. El que tu familia te esté apoyando, esté animando etc., eso te da ganas de vivir. Yo no me hubiera imaginado mi trance sin el apoyo de la familia.  Si no hubieran estado, no lo hubiera conseguido.

Actualmente soy responsable de la Delegación de ANDADE en el País Vasco, asociación sin ánimo de lucro y declarada de Utilidad Pública por el Ministerio de Interior. La asociación intenta dar apoyo y orientar ante las dificultades que se le plantean a una  persona que  ha sido amputada y por otro lado promueve jornadas con especialistas en la materia, orientadas a los profesionales.

No quiero finalizar sin antes trasladar el agradecimiento a todos los que me atendieron tanto en la UCI como en la planta. Esta casa está eternamente agradecida.

http://www.andade.es